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Con los cuernos bien puestos

Miau Miau y yo, su esposo, no somos precisamente un matrimonio swinger en el sentido de que nuestra práctica más frecuente no es el intercambio entre parejas, sino el candaulismo (o cuckold en inglés). Nuestra modalidad sexual favorita al compartir la intimidad es conseguir hombres solos que tengan relaciones sexuales con ella mientras yo guío lo acción o, en algunos casos, me remito a grabar y fotografiar el encuentro.

Cada vez que hablamos sobre el tema pulimos mucho más nuestra manera de abordarlo. Anoche, durante una plática en Skype, nombramos nuestro Top 5 de hombres de entre todos los que nos han acompañado. Decidimos que a los integrantes de este grupo sí los consideramos corneadores, más que simplemente singles. La diferencia es que ellos saben bien estimular lo que a ambos nos enciende. Son amantes que se preocupan por satisfacer a la pareja, en vez de únicamente coger de manera egoísta (que en la mayoría de los casos es porque llevan mucho tiempo sin sexo y se nota de inmediato su poca experiencia) o pensar que cogerse a Miau Miau de modo brusco es suficiente para funcionar con nosotros.

Nuestros singles favoritos, a quienes consideramos corneadores, saben bien hablarnos a ambos. Saben que yo deseo escucharlos intercambiar palabras con mi esposa mientras la montan, conocer mis expectativas y cumplirlas, además de cumplir las propias, hacernos sentir seguros y alimentar nuestro morbo, mantener erecciones potentes todo el tiempo y aumentar la intensidad del encuentro de tal manera que mi mujer se entregue totalmente al corneador sin estar tensa.

“Me encanta cuando veo que de plano levantas la colita y te clavas tú misma la verga porque la estás difrutando mucho”, fue lo que le dije ayer a mi esposa.

El primer corneador que ambos nombramos fue un francés que, para nosotros, es justo el tipo de persona que la mayoría de las parejas cuckold andan buscando. Él llegó como invitado anexo con otro single que habíamos contactado a través de SDC. Era una especie de ‘colado’, aunque evidentemente yo sabía que llegaría pero nunca había conversado directamente con él. Se trataba de un tipo muy bien vestido, alto, muy en forma, excesivamente gentil —tanto con mi esposa como conmigo— y con un nivel de morbo sorprendente. No pasó mucho tiempo antes de que le arrancara un primer orgasmo a Miau Miau de esos que manchan toda la sábana. Ha sido de los hombres que le han causado squirts automáticos con los dedos dentro de su vagina, cosa que yo hasta el momento no he conseguido.

Cuando tocó su turno de fornicar a Miau Miau él le decía cosas muy calientes en francés y le ordenaba decírmelas en español. “Soy una puta. Soy una perra. Me encanta ser cogida por otros hombres”, era lo que Miau Miau me decía mientras me miraba a los ojos —cuando podía porque este amigo la penetraba de tal manera que sus ojos estaban totalmente en blanco— y llegó un punto en que la tenía boca arriba, con sus rodillas pegadas a los hombros y ensartada con tal profundidad que le producía enorme placer, al grado de tomar al corneador de las nalgas y jalarlo hacia sí misma con la esperanza de que su verga escarbara mucho más profundo. Tengo video de ese encuentro y lo he estudiado de manera casi quirúrgica, pues pocas veces he contemplado a Miau Miau en un nivel de éxtasis como ese.

Al final el corneador se tuvo que despedir y nos quedamos con el otro single, quien también tuvo muy buen desempeño, pero no nos dejó tan impactados como su amigo. Obvio estamos planeando verlo de nuevo.

Otros singles se desempeñan muy bien en la cama y nos causan tanta confianza que hemos planeado que Miau Miau salga con uno de ellos a un bar, donde él la pueda cortejar, seducir libremente y, finalmente, llevársela a un hotel, donde grabarán, fotografiarán y me llamarán por teléfono una vez que comience la acción. “Me gusta mucho su voz y las cosas que me dice y que tú no escuchas mientras me está cogiendo”, me confesó mi esposa sobre este amigo. Obvio él tiene la puerta abierta para hacer gozar a mi esposa las veces que ella así lo desee.

Yo soy mucho de fomentar en mi esposa la posibilidad de cogerse a quien guste las veces que guste, siempre y cuando lo comparta conmigo. Ella es mucho más prudente y prefiere hacerlo siempre en mi presencia, pues eso es lo que le excita. Para que ella se suelte con alguien sin que yo esté presente es necesario un nivel de confianza en la otra persona que le es extremadamente difícil alcanzar. ¿Qué pasa si él la quiere obligar a hacer algo que ella simplemente no desea? ¿Qué pasa si en verdad pretende ligársela fuera del medio swinger y se convierte en un acosador insufrible? Esas siempre son cuestiones que se deben plantear entre la pareja y, si la mujer o el hombre no se sienten cómodos, es mejor mantener esos pensamientos como fantasías. Confiar en tu pareja al grado de dar carta libre para vivir su sexualidad como mejor le parezca puede ser contraproducente si las reglas no se plantean y se respetan.

Yo he asumido finalmente mi papel de cornudo consentido, pues la llegada de Miau Miau a mi vida satisface cualquiera de mis necesidades con una pareja, y la sexual es una de las más importantes. El golpe de morbo y celo que me producen las puterías de mi mujer me provoca de tal manera que me cuesta muchísimo trabajo conseguir erecciones con otras chicas, por mucho que me gusten —sí he tenido sexo con mujeres swinger, pero a lo mucho he podido penetrarlas en dos o tres ocasiones.

Al ser yo considerablemente mayor a Miau Miau, estoy también consciente que llegará algún punto en nuestra vida sexual en que yo no me pueda desempeñar como lo hago ahora —porque las cogidas entre ella y yo son tan frecuentes como intensas—. Tal vez mi pene reduzca su tamaño y mi cuerpo no reaccione de la misma manera, y yo sería el primero en sonsacarla para que se consiga amantes mucho más potentes y capaces. Esa mujer merece recibir el placer que hombres capaces puedan proporcionarle.

Después de poco más de un año de matrimonio, estoy terminando de aceptar algo que he sospechado casi desde mis 18 años: me gusta ser cornudo. Nada me calienta más que ver a la mujer que amo gozar con otros hombres y recordar esos encuentros cuando ella y yo cogemos. Tengo una inmensa necesidad de serle fiel mientras tengo otra inmensa necesidad de que ella no lo sea conmigo, siempre que me haga partícipe indirecto de sus aventuras.

Esto, entre muchísimas otras cosas —porque lo sexual es lo único que compartimos en este blog— me han abierto los ojos a comprender bien mi propia sexualidad y a saber que he encontrado en Miau Miau a la mujer de mi vida.

Mr M

 


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